jueves, 28 de enero de 2010

Encuentro Radioactivo:

Este viaje a Buenos Aires sería muy significativo. Obviamente que G. no lo sabía entonces, como asi tampoco lo supieron los otros participes de ceremonia. No quiero decir con esto que sus acciones hallan sido especiales, sino más bien: lo que grupalmente vivenciarían entonces estaría teñido por profundas consecuencias.

Allí estuvieron reunidos -además de los anfitriones- y en calidad de invitados: R. , G. y Ana Inés. Y si en un momento de estas memorias dije que al nombrar a Fer o Cris había que agarrarse fuerte, lo que significaban por entonces los tres visitantes juntos, era entrar sin brujula ni linterna a un ojo de tormenta poderosa.

Ana Inés estaba allí deseando irse a Brasil con R. Ella paraba en un hotel sobre avenída Rivadavia próximo a la intercepción con la Panamericana, en el barrio de Liniers, pero pasaba larguísimas horas junto al grupo en casa de Fer.
R. buscaba escapar hacia brasil, pero sin Ana (cuando la posibilidad de retornar a Nueva York había fracasado definitivamente).
G. a un paso de Rosario y sobrando en la disputa pero sin querer quedar afuera del momento.
Fer y Cris enfermos de hepatitis, volados como siempre, en su bunker sin horarios, piloteando la nave.

Entre discos de Police, noches al palo de reflejos espejados, risas y tensiones extremas, trancurrieron esos días, sellando un encuentro que transmutó en radioactivo.
Esa escalada rasante, llevó a G. hacia la casa de Nino, en Rosario. Donde luego de un cálido primer tiempo sobrevendría la enfermedad.

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