En tinta roja podía leerse: " No es esta cualquier noche, son muchas las cosas que ella arrastra, el hecho de que aún se estire el invierno con los crónicos fríos de estos últimos días, y encima -que casi esté vacío el protector de película 100 asas-, genera en mi mente cierta incertidumbre. Claro que no es una noche cualquiera: casi tengo 25 y quince noches de ojeras azuladas".
Para G. por sobre todo, escribir era un encuentro consigo mismo. Había elegído esa soledad (apenas consigo mismo entre las paredes de la casa de parque Luro, demasiado grande y fresca en aquel instánte) con la finalidad de encontrar en ese silencio una veta por la que se colara la inspiración y abrir así el dique de contensión.
Apenas a unos días de su regreso desde Rosario -donde había intentado establecerse para estudiar antropología-. Donde lo tomara el destino con fuerza y por sorpresa.
Aunque ya se sentía en otro mundo (MDP se le representaba a siglos de aquella experiencia), de todas formas, el hecho de mencionar aquel sitio, traía a su mente aquella minúscula casita de Fisherton, en la que debió permanecer postrado, guardando cama, pidiéndo mentalmente una y otra vez (frente a los primeros síntomas) no tener hepatitis.
salía de ese angustioso recuerdo y quedaba reconcentrado en sus imagenes mentales. Pasados unos minutos retomó sus escritos y entonces tipeó:
"-¿Qué puedo yo darte más que un tiempo de inspiración, en el que me siento hecho de poesía?-"
Denso humo de Cannabis, ¿cómo no nombrarte si nací en los sesenta?.
Un libro de poemas, una radio incoherente y un cigarro más allá de la coherencia: perfectos compañeros para estar sólo. Extensa noche, en la que uno puede sentirse a gusto en casa -como resguardado en su nido-. Y afuera, la lluvia"-.
En aquellas palabras se percibía un intento: decir lo indecible, abrir el corazón y mostrarse íntimamente. Una conjunción estelar de símbolos de qué valerse, sentimientos que alimentan, palabras escogidas especialmente para nombrar la vida.
G. divisaba en su esencia un Norte, indeleble como un sello en el alma. Concentrando sus fuerzas en un punto candente desde el que escuchar su propia voz:
- "Fría noche solitaria entre mates amargos como de costumbre. (ssshhhssp!!!). Último sorbo de agua caliente subiendo por esta bombilla. Ahora que son las 11 P.M y los amnésicos estarán tocando. ¿Acaso olvidarán la letra?"-.
Esa banda de Punk-Rock tocaban esa noche en Viva María, un conocido pub sobre la costanera. Durante el transcurso del día había pensado ir pero termino no haciéndolo, para ensayar nuevos escritos en la casa de Parque Luro, a los que en tono chistoso mencionaba como su antinovela.
Supo después por comentarios de amigos que el show había culminado con una hecatombe de sillas volando de un lado a otro, luego que al cantante le sacudieran con un chopp de vidrio por la cabeza.
Agradeció a su Olivetti haberlo seducido instándolo a permanecer en la cocina de Cardiel aquella tumultuosa jornada.
domingo, 29 de noviembre de 2009
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Aquellas páginas rasgadas decían lo siguiénte:
"Hace apenas unos meses creí poder escribir una novela, para plagarla de significados y, mediante la ficción sacar aspectos de la realidad de aquel ámbito en que transcurrieron nuestros días, donde la verdad se nos hizo hermética.
Esa idea originaria consta de todos los ingredientes para crear un mundo, al que estoy aún buscando -afiebradamente- un punto de apoyo para hecharlo a girar sobre su órbita-".
Apenas utilizando una mesa como plataforma de despegue,G. proyectaba escribir sobre aquellas circunstancias que giraron a su alrededor, pero intuyendo, imaginándo, percibiéndo que ellas habían afectado a los demás de idéntico modo.
"-Claro que siempre solemos limitar el mundo a lo que nos es esencial, aquellos a quienes uno ama y a lo que nos ha herido-".Solía explicar cuando comentaba la dura faena de la escritura entre sus amigos del bar.
Especulaba con la llegada de una claridad que le tocase y reviviera, justo cuando el mundo anunciaba la llegada del cometa Halley con su larga cola de helio. Promesa de mutaciones, símbolo ardiente de tantos deseos.
Leyendo aquellos fragmentos dispersos, una sonrisa brotó entre las comisuras de sus labios. G. rememoró aquel estado de exitación que significara el paso del cometa. Vinieron a su mente aquellas escapadas en auto, por la ruta, camino a Santa Clara del Mar.
Mirándo hacia la bóveda nocturna cargada de estrellas, junto a sus amigos: intentando divisar el fenómeno en la más absoluta oscuridad.
Prosiguió en la lectura de aquellas anotaciones por un rato... el agua de la pava comenzaba a enfriarse.
Había transcurrido un tiempo prudencial, volvió a creer que de esa idea madre saldría alguna cosa interesante. Por lo pronto -como en un ritual- continuó alimentando su fe depositándo sus energías en aquella posibilidad.
Cerró los ojos por un momento, entonces una imagen brotó en su memoria: viajaban en el auto de Chepi, el tercer acompañante era M.
Chepi (que conducía el taunus) decidió enfilar rumbo hacia parque Camet, pero raudamente sobrepasaron el G.A.D.A a toda velocidad riéndo a carcajadas; Luego de atravesar la localidad de Santa Clara, se detuvieron a un costado de la carretera.
Bajaron del rodado curiosos, buscando en el cielo rastros del cometa.
El cielo latía de estrellas y la brisa marina pegaba suavemente en sus rostros.
Esa idea originaria consta de todos los ingredientes para crear un mundo, al que estoy aún buscando -afiebradamente- un punto de apoyo para hecharlo a girar sobre su órbita-".
Apenas utilizando una mesa como plataforma de despegue,G. proyectaba escribir sobre aquellas circunstancias que giraron a su alrededor, pero intuyendo, imaginándo, percibiéndo que ellas habían afectado a los demás de idéntico modo.
"-Claro que siempre solemos limitar el mundo a lo que nos es esencial, aquellos a quienes uno ama y a lo que nos ha herido-".Solía explicar cuando comentaba la dura faena de la escritura entre sus amigos del bar.
Especulaba con la llegada de una claridad que le tocase y reviviera, justo cuando el mundo anunciaba la llegada del cometa Halley con su larga cola de helio. Promesa de mutaciones, símbolo ardiente de tantos deseos.
Leyendo aquellos fragmentos dispersos, una sonrisa brotó entre las comisuras de sus labios. G. rememoró aquel estado de exitación que significara el paso del cometa. Vinieron a su mente aquellas escapadas en auto, por la ruta, camino a Santa Clara del Mar.
Mirándo hacia la bóveda nocturna cargada de estrellas, junto a sus amigos: intentando divisar el fenómeno en la más absoluta oscuridad.
Prosiguió en la lectura de aquellas anotaciones por un rato... el agua de la pava comenzaba a enfriarse.
Había transcurrido un tiempo prudencial, volvió a creer que de esa idea madre saldría alguna cosa interesante. Por lo pronto -como en un ritual- continuó alimentando su fe depositándo sus energías en aquella posibilidad.
Cerró los ojos por un momento, entonces una imagen brotó en su memoria: viajaban en el auto de Chepi, el tercer acompañante era M.
Chepi (que conducía el taunus) decidió enfilar rumbo hacia parque Camet, pero raudamente sobrepasaron el G.A.D.A a toda velocidad riéndo a carcajadas; Luego de atravesar la localidad de Santa Clara, se detuvieron a un costado de la carretera.
Bajaron del rodado curiosos, buscando en el cielo rastros del cometa.
El cielo latía de estrellas y la brisa marina pegaba suavemente en sus rostros.
martes, 24 de noviembre de 2009
Pensativo, con su mano sosteniéndo el mentón...
¿Qué otras cuestiones inundaban el alma de G., aparte de sus sueños recurrentes?.
¿En qué ocupaba sus días, además de aquellas intensas noches de bohemia?.
Sus otras obsesiones sumadas a las afiebradas congregaciones en el Petit Lion D'or estaban dadas por la lectura frenética y el intento de escribir una novela.
"-Es como la vida misma -se decía- ¿O acaso no estamos cubiertos de infinitas capas y pensamientos?. Sometidos a los vaivenes de los acontecimientos y sensaciones que nos cruzan como diagonales"-.
G. encontró algunas hojas ajadas guardadas en su carpeta de archivos. Corría el año 1987, y esos escritos estaban ya próximos a cumplir dos años.
Indudablemente los habría releído en varias ocasiones, pues estaban lo suficiéntemente arrugados.
las letras redondeadas de su olivetti en tinta negra, con algunas frases resaltadas en rojo le resultaban casi una prolongación de su propia caligrafía.
Otras veces el ímpetu de registrar sus pensamientos lo sacudía en plena calle, extraía entonces de su bolso una oportuna libreta de espirales. Recuerdo la mano en pulsión de escribir, la birome bic en posición de loca carrera, geometría de letras y palabras candentes: dibujos de la lengua, al fin.
Como un poseído espiritual, en pleno estado creacional, volcando en sus escritos la sed verdadera.
-"Este corazón que observa y arde, es capaz de incendiar papeles al transcribir sus pensamientos"-, le había dicho en una ocasión a su amigo R.
En sus anotaciones nocturnas quedaban impresas muchas de sus inquietudes, algunas veces las guardaba o daba a leer a sus amigos. Otras veces terminaban olvidadas o simplemente descartadas...
-"¿Cómo abrir una brecha por la que se filtren los significados?.
Pongo un cassette de Caetano Veloso , pidiéndole, tal vez a la música, la fluidez que me falta"-.
"-¿por qué necesito escribir, para qué la urgencia de este relato?. Garabatos que pretenden -no sé cómo- desentrañar lo sucedido.
¿Para qué?, sino por sacar fuera esa sustancia de la que estoy compuesto...
¿pero cómo hacerlo?"-.
"-Habría que ser sincero (se decía a sí mismo): Absolutamente sincero. Sacarlo todo fuera para luego registrarlo en esas hojas, logrando así una imagen recompuesta -ya no fragmentada-.
Para ello debería ir en busca de escritos dispersos, tachados, borroneados... algunos de ellos probablemente perdidos. Hojas borrachas de poesía, garabatos como brazadas de un náufrago que no quiere ahogarse en sus propias confusiones, en sus miedos prozaicos"-.
Apenas unas hojas que quedarían en el intento. Sin embargo era evidente (estaba claramente registrado) que aquellos días incubaban algo poderoso. En una mezcla de agitación creativo-destructiva (de alegría y dolor) se alimentaba el animal que habita el reverso de las cosas: ese salvaje que mutila poemas, destruye anotaciones; dejando apenas rastros de expresión.
¿Cómo decir lo imposible sin caer rehen del sin sentido?.
"-Sin embargo, intentaré rescatar la esencia de mis anotaciones: voy a deletrar el significado oculto. Redescubriré el pulso de aquella época destinada a marcarme a fuego"-.
"-Un nuevo sorbo de mate, pero esta vez en el Bertosis, sobre aquellos otros mates tibios (más antíguos) bebidos dos años atrás en la casa de la calle Cardiel...
Nuevos tipeos a máquina para contestar a R. en interminables cartas impresas en hojas celestes qué había ocurrido en Mardel luego del fuerte vendaval que los sacudiera a todos por igual"-.
G. recomponía sensaciones y sentimientos. Yendo y viniéndo por los años como en una autopista de doble carril.
¿En qué ocupaba sus días, además de aquellas intensas noches de bohemia?.
Sus otras obsesiones sumadas a las afiebradas congregaciones en el Petit Lion D'or estaban dadas por la lectura frenética y el intento de escribir una novela.
"-Es como la vida misma -se decía- ¿O acaso no estamos cubiertos de infinitas capas y pensamientos?. Sometidos a los vaivenes de los acontecimientos y sensaciones que nos cruzan como diagonales"-.
G. encontró algunas hojas ajadas guardadas en su carpeta de archivos. Corría el año 1987, y esos escritos estaban ya próximos a cumplir dos años.
Indudablemente los habría releído en varias ocasiones, pues estaban lo suficiéntemente arrugados.
las letras redondeadas de su olivetti en tinta negra, con algunas frases resaltadas en rojo le resultaban casi una prolongación de su propia caligrafía.
Otras veces el ímpetu de registrar sus pensamientos lo sacudía en plena calle, extraía entonces de su bolso una oportuna libreta de espirales. Recuerdo la mano en pulsión de escribir, la birome bic en posición de loca carrera, geometría de letras y palabras candentes: dibujos de la lengua, al fin.
Como un poseído espiritual, en pleno estado creacional, volcando en sus escritos la sed verdadera.
-"Este corazón que observa y arde, es capaz de incendiar papeles al transcribir sus pensamientos"-, le había dicho en una ocasión a su amigo R.
En sus anotaciones nocturnas quedaban impresas muchas de sus inquietudes, algunas veces las guardaba o daba a leer a sus amigos. Otras veces terminaban olvidadas o simplemente descartadas...
-"¿Cómo abrir una brecha por la que se filtren los significados?.
Pongo un cassette de Caetano Veloso , pidiéndole, tal vez a la música, la fluidez que me falta"-.
"-¿por qué necesito escribir, para qué la urgencia de este relato?. Garabatos que pretenden -no sé cómo- desentrañar lo sucedido.
¿Para qué?, sino por sacar fuera esa sustancia de la que estoy compuesto...
¿pero cómo hacerlo?"-.
"-Habría que ser sincero (se decía a sí mismo): Absolutamente sincero. Sacarlo todo fuera para luego registrarlo en esas hojas, logrando así una imagen recompuesta -ya no fragmentada-.
Para ello debería ir en busca de escritos dispersos, tachados, borroneados... algunos de ellos probablemente perdidos. Hojas borrachas de poesía, garabatos como brazadas de un náufrago que no quiere ahogarse en sus propias confusiones, en sus miedos prozaicos"-.
Apenas unas hojas que quedarían en el intento. Sin embargo era evidente (estaba claramente registrado) que aquellos días incubaban algo poderoso. En una mezcla de agitación creativo-destructiva (de alegría y dolor) se alimentaba el animal que habita el reverso de las cosas: ese salvaje que mutila poemas, destruye anotaciones; dejando apenas rastros de expresión.
¿Cómo decir lo imposible sin caer rehen del sin sentido?.
"-Sin embargo, intentaré rescatar la esencia de mis anotaciones: voy a deletrar el significado oculto. Redescubriré el pulso de aquella época destinada a marcarme a fuego"-.
"-Un nuevo sorbo de mate, pero esta vez en el Bertosis, sobre aquellos otros mates tibios (más antíguos) bebidos dos años atrás en la casa de la calle Cardiel...
Nuevos tipeos a máquina para contestar a R. en interminables cartas impresas en hojas celestes qué había ocurrido en Mardel luego del fuerte vendaval que los sacudiera a todos por igual"-.
G. recomponía sensaciones y sentimientos. Yendo y viniéndo por los años como en una autopista de doble carril.
lunes, 23 de noviembre de 2009
Lo intuitivo y lo racional amalgamados:
"-Aquella puerta de la que hablo está construída sobre el tramo del paseo costero, quizá corrida unos cuantos metros del epicentro exácto donde nos interceptó el guardián de la noche. No es fácil sin haber hecho una medición exhastiva decir a cuántos metros exactos del monumento a la loba Etrusca se halla dicho acceso. En parte porque la caída de la barranca hacia el mar lo dificulta, es necesario hacer un desvío a pie para utilizar la escalera o la natural depresión del terreno para bajar hacia la playa.
Lo único que importa es que la puerta incrustada en las rocas granítica podría abrirnos el acceso al claustro o a la Catedral por profundos tuneles casi en desuso.
Puedes sorprenderte como yo mismo lo estoy: aquí las fuerzas del inconsciente (con su más preciada herramienta, que es la intuición) y las fuerzas racionales ( aquellos aprendizajes hechos de pasado y presente amalgamados) se fusionan. Surgen así potencialidades gigantezcas: nuestros destinos y esencialidades podrían esclarecerse"-.
Aquí hacen falta escudos y destreza de guerreros: hay fuerzas que entran en fricción a causa del fuego desatado.
G. intuía que la única manera de comprender aquellos hechos en su totalidad era ingresando en las profundidades - no sólo en el encuadre histórico-espacial- o sea en la arqueología o en los orígenes de la ciudad; sino también en la trama anímica: en aquellas cosas que vivenció y compartió con cada uno de los seres que marcaron su corazón en aquellas jornadas.
Además: resultaba muy importante no olvidar los aspectos geográficos, el escenario donde aquellos instántes cristalizaron, y con ello estaba nombrando a las fuerzas ocultas de la tierra, los espíritus que la habitan, los hechos violentos que relatan ciertos mitos y supersticiones urbanas...
La pérfida obsesión de los instintos y pesadillas.
Lo único que importa es que la puerta incrustada en las rocas granítica podría abrirnos el acceso al claustro o a la Catedral por profundos tuneles casi en desuso.
Puedes sorprenderte como yo mismo lo estoy: aquí las fuerzas del inconsciente (con su más preciada herramienta, que es la intuición) y las fuerzas racionales ( aquellos aprendizajes hechos de pasado y presente amalgamados) se fusionan. Surgen así potencialidades gigantezcas: nuestros destinos y esencialidades podrían esclarecerse"-.
Aquí hacen falta escudos y destreza de guerreros: hay fuerzas que entran en fricción a causa del fuego desatado.
G. intuía que la única manera de comprender aquellos hechos en su totalidad era ingresando en las profundidades - no sólo en el encuadre histórico-espacial- o sea en la arqueología o en los orígenes de la ciudad; sino también en la trama anímica: en aquellas cosas que vivenció y compartió con cada uno de los seres que marcaron su corazón en aquellas jornadas.
Además: resultaba muy importante no olvidar los aspectos geográficos, el escenario donde aquellos instántes cristalizaron, y con ello estaba nombrando a las fuerzas ocultas de la tierra, los espíritus que la habitan, los hechos violentos que relatan ciertos mitos y supersticiones urbanas...
La pérfida obsesión de los instintos y pesadillas.
Deducciones sobre aquel extraño suceso:
Justamente, haberse olvidado de aquel personaje enajenado con tanta facilidad hacía crecer aún más sus sospechas:
1) El guardián de la noche producía miedo, no podía ser tomado como un Robin Hood de los desvalidos... sino como un desquiciado capaz de cometer cualquier acto. Aquél tipo podía partirte la nuca de un garrotazo, por el simple hecho de no gustarle tu cara.
2) Dijo vigilar aquella zona en la que tantos asesinatos y violaciones ocurrían. G. Revisó los diarios y los archivos de los diarios y nada relacionado con sus dichos aparecía en ellos.
3) Su aparición se produjo desde la oscuridad, como una corporización instantánea, o como si proviniera de algún pasadizo oculto entre las rocas.
4) Sospechó que su intensión era la de alejarlos de allí. Específicamente de la proximidad a la puerta secreta.
¿Desmedido recelo de un portero diabólico?.
¿Acaso el acceso sería utilizado de un momento a otro y aquellas inoportunas presencias resultaban comprometedoras?.
¿Estarían por congregarse en ese recinto los seres cavernarios, los brujos de la ciudad?.
¿Cuáles eran los misterios? , ¿hacia dónde dirigirían esos pasadizos si fuera posible ingresar a ellos?. Ya fuese mediante la trama arquitectónica de la ciudad misma o sobre la base de aquella otra, sugerida por los sueños crípticos, estas deducciones transcriptas a la libreta de fuego llevarían a G. a poner más énfasis en su atenta vigilancia sobre el lugar.
1) El guardián de la noche producía miedo, no podía ser tomado como un Robin Hood de los desvalidos... sino como un desquiciado capaz de cometer cualquier acto. Aquél tipo podía partirte la nuca de un garrotazo, por el simple hecho de no gustarle tu cara.
2) Dijo vigilar aquella zona en la que tantos asesinatos y violaciones ocurrían. G. Revisó los diarios y los archivos de los diarios y nada relacionado con sus dichos aparecía en ellos.
3) Su aparición se produjo desde la oscuridad, como una corporización instantánea, o como si proviniera de algún pasadizo oculto entre las rocas.
4) Sospechó que su intensión era la de alejarlos de allí. Específicamente de la proximidad a la puerta secreta.
¿Desmedido recelo de un portero diabólico?.
¿Acaso el acceso sería utilizado de un momento a otro y aquellas inoportunas presencias resultaban comprometedoras?.
¿Estarían por congregarse en ese recinto los seres cavernarios, los brujos de la ciudad?.
¿Cuáles eran los misterios? , ¿hacia dónde dirigirían esos pasadizos si fuera posible ingresar a ellos?. Ya fuese mediante la trama arquitectónica de la ciudad misma o sobre la base de aquella otra, sugerida por los sueños crípticos, estas deducciones transcriptas a la libreta de fuego llevarían a G. a poner más énfasis en su atenta vigilancia sobre el lugar.
jueves, 19 de noviembre de 2009
Un aparente olvido:
Es curioso que este hecho extraordinario, que sucediera entre los meses de septiembre y octubre del '85 , lo hubiese G. olvidado hasta el momento de recapitular los sueños de los pasadizos.
Casi dos años después surgió en él la idea de que aquella puerta prohibida podría ser la salida del portentoso triángulo, como una extensión subterránea de aquél vértice dibujado en mi planito, aquel punto que está próximo al mar.
¿Qué habían comentado en aquél entonces quienes se enfrentaron al guardián?: ni Pablo Enrique, Ni Dany o Marcelo volviéron a mencionarlo.
Apenas al retirarse de allí hicieron algunos comentarios banales, más bien en plan chistoso sobre el aspecto físico del guardián, la cadena como látigo, la tensión del momento,etc. Seguramente nuestras risas pretendían sacudirnos el temor aún presente en el ambiente.
Sé que resulta extraño. Que es difícil olvidarse del terror vivenciado ante la inesperada intimidación de un demente armado. Sin embargo así fue.
Aquellas imagenes hechas recuerdo retornaron a su memoria en unas conversaciones con R.: o sea, relatándole sus sueños en una serie de cartas alemanas (ya en el año '86 u '87), vino a su memoria el incidente aquí descripto, y a partir de él, la imagen de la puerta prohibida se presentó ante sus ojos.
Enumerar conversaciones concretas con R. sería más que difícil, puesto que hace más de treinta años vienen descifrando juntos misterios de todo tipo. Su capacidad de escuchar e interiorizarse en sus escritos han sido siempre de un compromiso total.
Casi dos años después surgió en él la idea de que aquella puerta prohibida podría ser la salida del portentoso triángulo, como una extensión subterránea de aquél vértice dibujado en mi planito, aquel punto que está próximo al mar.
¿Qué habían comentado en aquél entonces quienes se enfrentaron al guardián?: ni Pablo Enrique, Ni Dany o Marcelo volviéron a mencionarlo.
Apenas al retirarse de allí hicieron algunos comentarios banales, más bien en plan chistoso sobre el aspecto físico del guardián, la cadena como látigo, la tensión del momento,etc. Seguramente nuestras risas pretendían sacudirnos el temor aún presente en el ambiente.
Sé que resulta extraño. Que es difícil olvidarse del terror vivenciado ante la inesperada intimidación de un demente armado. Sin embargo así fue.
Aquellas imagenes hechas recuerdo retornaron a su memoria en unas conversaciones con R.: o sea, relatándole sus sueños en una serie de cartas alemanas (ya en el año '86 u '87), vino a su memoria el incidente aquí descripto, y a partir de él, la imagen de la puerta prohibida se presentó ante sus ojos.
Enumerar conversaciones concretas con R. sería más que difícil, puesto que hace más de treinta años vienen descifrando juntos misterios de todo tipo. Su capacidad de escuchar e interiorizarse en sus escritos han sido siempre de un compromiso total.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
El Guardián de la Noche:
"-Frecuentando cotidianamente el grupo Aragón, allá por el año '85, estabamos varios amigos amparados ( o mejor dicho escondidos) en la oscuridad reinante en el paseo de rocas junto al mar, en la estrecha ladera de la loma Santa Cecilia, a pasos de la puerta que se incrusta en las rocas (la puerta encadenada), fumando placidamente y haciéndo chistes...
Repentinamente surgió ante nosotros un hombre de baja estatura, de cuerpo tosco y a la vez forzudo. Apareció de entre las sombras y vimos sus ojos tremendamente enfurecidos y amenazadores.
levantó un gran barrote de hierro y con voz alucinada nos gritó: -¿qué están haciéndo acá?, ¡No se muevan!.
Nosotros quedamos petrificados.
Con su barrote de hierro alzado prosiguió: -¡ Yo casi no duermo para vigilar las atrocidades que ocurren aquí por las noches!, díganme ustedes: ¿ acaso ignoran que este sitio es muy peligroso?. Robos, muertes, violaciones... ¡mucha maldad!.
(la cadena sonaba con cada movimiento que el guardián de la noche realizaba con sus brazos. Los engarces de hierro crujían como un látigo).
Un hilo de transpiración helada corría por nuestras nucas. Nosotros nos mirábamos de reojo, eramos plenamente conscientes de que corríamos un grave peligro ante aquel demente armado.
El tipo prosiguió en su discurso: - A mi no me importa que estén fumando, pero si los agarro haciéndo algo malo los muelo a garrotazos. ¡Yo estoy atento a todo lo que ocurre aquí y es por esa causa que no puedo dormir!. Tengo que vigilar para atrapar a los malditos hijos de puta que cometen esas acciones todas las noches...
No se confundan, yo no soy policia, pero nada de lo que se haga en este paraje escapa de mis ojos, culminó.
Recién entonces nos animamos a decirle algo: Nosotros no hacíamos nada malo allí, sólo estabamos conversando. Ni se nos ocurriría desafiar su vigilancia, eramos gente tranquila, podía estar seguro de ello.
Luego de nuestras disculpas el guardián se fue. seguimos oyendo el ruido de su cadena por un instánte, mezclándose con el estampido de las olas en el granito.
Terminamos el faso y nos alejamos de allí con paso acelerado. Nadie se animó a decir nada, pasamos en silencio frente a la puerta prohibida y al mirarla de reojo el candado me pareció más grueso que nunca.
Bordeamos la empinada ladera y continuamos el trayecto bajo el influjo de la luna.
Los gemelos impávidos seguian alimentandose de la loba,con ínfulas de indiferencia-".
Este texto ya añejo, es otra de las anotaciones que G. realizó en su libreta de fuego. Hay un rastro llamativo: uno puede advertir la presión de la birome en la hoja, la inquietante caligrafía, el nerviosismo o incomodidad al momento de registrarlo...
Repentinamente surgió ante nosotros un hombre de baja estatura, de cuerpo tosco y a la vez forzudo. Apareció de entre las sombras y vimos sus ojos tremendamente enfurecidos y amenazadores.
levantó un gran barrote de hierro y con voz alucinada nos gritó: -¿qué están haciéndo acá?, ¡No se muevan!.
Nosotros quedamos petrificados.
Con su barrote de hierro alzado prosiguió: -¡ Yo casi no duermo para vigilar las atrocidades que ocurren aquí por las noches!, díganme ustedes: ¿ acaso ignoran que este sitio es muy peligroso?. Robos, muertes, violaciones... ¡mucha maldad!.
(la cadena sonaba con cada movimiento que el guardián de la noche realizaba con sus brazos. Los engarces de hierro crujían como un látigo).
Un hilo de transpiración helada corría por nuestras nucas. Nosotros nos mirábamos de reojo, eramos plenamente conscientes de que corríamos un grave peligro ante aquel demente armado.
El tipo prosiguió en su discurso: - A mi no me importa que estén fumando, pero si los agarro haciéndo algo malo los muelo a garrotazos. ¡Yo estoy atento a todo lo que ocurre aquí y es por esa causa que no puedo dormir!. Tengo que vigilar para atrapar a los malditos hijos de puta que cometen esas acciones todas las noches...
No se confundan, yo no soy policia, pero nada de lo que se haga en este paraje escapa de mis ojos, culminó.
Recién entonces nos animamos a decirle algo: Nosotros no hacíamos nada malo allí, sólo estabamos conversando. Ni se nos ocurriría desafiar su vigilancia, eramos gente tranquila, podía estar seguro de ello.
Luego de nuestras disculpas el guardián se fue. seguimos oyendo el ruido de su cadena por un instánte, mezclándose con el estampido de las olas en el granito.
Terminamos el faso y nos alejamos de allí con paso acelerado. Nadie se animó a decir nada, pasamos en silencio frente a la puerta prohibida y al mirarla de reojo el candado me pareció más grueso que nunca.
Bordeamos la empinada ladera y continuamos el trayecto bajo el influjo de la luna.
Los gemelos impávidos seguian alimentandose de la loba,con ínfulas de indiferencia-".
Este texto ya añejo, es otra de las anotaciones que G. realizó en su libreta de fuego. Hay un rastro llamativo: uno puede advertir la presión de la birome en la hoja, la inquietante caligrafía, el nerviosismo o incomodidad al momento de registrarlo...
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