lunes, 8 de febrero de 2010

Un intento más osado:

Cuando G. dijo "me obligué a leer" estaba diciéndo hacerlo hasta quemar los ojos, en frenética lectura de horas y más horas (casi sin dormir) con el tríptico de Henry Miller quemándole las manos. Habló de Sexus, Plexus y Nexus.

Cuándo dijo "Dibujar" y "Pintar" con témperas y tinta china, hablaba de tres jornadas fuera del mundo material, un impulso nirvánico que lo envolvió en el único acto de expresarse al vaiven del movimiento de los pinceles y la búsqueda del color.
Abordando la obra de Amadeo Modigliani comenzo a percibir el influjo y la potencia de los colores cálidos en su mente.

Asi su alma lograba salir del rapto y se elevaba sobrevolando junto al sol de las tardes en laboriosas jornadas de pintura, sorprendiéndose a sí mismo en madrugadas plenas de felicidad.

Entonces su cuerpo deseó curarse, lo que significaba ir más allá de la enfermedad en si misma: ofrecer su piel a los días y al silencio de las horas, dejándolas transcurrir entre esos lápices, temperas y lecturas. Seguía entregado a su suerte, pero armándose de las fuerzas necesarias para retornar a su ciudad, lo que significaban mas de ochocientos kilómetros de viaje.

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